jueves, 10 de septiembre de 2015

Libro recomendado: Piloto de Stukas, de Hans U. Rudel


Aquí vengo a recomendar un libro, que eso de leer es muy saludable.
Se trata de la autobiografía de Hans U. Rudel, la podéis encontrar por ahí bajo el nombre de "Piloto de Stukas" y ahora que se aproxima el momento de divertirse con Dogfight puede venir muy a cuento leerlo.

Rudel, junto con Adolf Galland, fue uno de los ases de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial. Pero mientras que Galland se especializó en el combate con cazas Messerschmitt bf-109, Rudel fue un as de los bombarderos Ju-87, conocidos como Stukas.

Leer este libro puede ser clarificador además de entretenido. No se trata de conocer las bondades o debilidades de unos determinados modelos de aviones, es que el autor nos cuenta de primera mano cómo era el combate real con ellos, a qué enemigos se tenía que enfrentar y cómo se hacía.

Un detalle importante que recojo en Dogfight y que en lo que Rudel fue el pionero, el uso de los Stukas como armas caza tanques (cañones volantes, los llamaba).

Algunos aviones en el reglamento, especialmente los cazabombarderos como el Ju-87, pueden llevar unos dispositivos llamados en inglés gunpods, que yo he traducido para la ocasión como cañones de soporte. Eran unos acoples que se instalaban en la panza del avión y que podían llevar distintos elementos, normalmente o dos cañones de 37 mm (el equivalente al que llevaban los tanques Stuart) o un único cañón de 75 mm (el equivalente al de un Sherman), esta última versión fue menos popular en la escuadrilla de Rudel debido a que hacía al bombardero prácticamente ingobernable debido a su peso y resistencia aerodinámica. Basta imaginar que un impacto de estas armas en el lugar correcto de un tanque, especialmente en el débil blindaje superior o incluso en los bidones de combustible que albergaban los blindados soviéticos en la parte trasera los hacía saltar por los aires como si fueran fuegos artificiales. Rudel se hizo pionero y especialista en este sistema de combate, en total se le atribuyen más de 500 tanques destruidos además de un crucero pesado de la marina soviética.

Es cierto que como toda autobiografía tendrá sus adornos, máxime si no perdemos de vista que además de piloto afamado, este individuo era un nazi convencido, pero con la perspectiva de los años y algo de visión crítica podemos tener una idea clara de lo que significaba volar realmente en el frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial con aquellos vetustos aparatos.

Animaros a leer este libro, especialmente los frikys de la historia de la Segunda Guerra Mundial y de los wargames, no os arrepentiréis.

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